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Tuesday, March 24, 2015

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Mamá: no puedo parar los pensamientos que me llegan a la cabeza
La sobreestimulación, la constante motivación externa y el encadenamiento continuo de tareas y actividades programadas les saturan, agobian y ahogan su necesidad de crear

Autor: Guillermo Cánovas | Fuente: kidsandteensonline.com

Una amiga me comentó hace unos días que su hija, de apenas cinco años de edad, le había sorprendido con este comentario mientras la llevaba a un cumpleaños. Sentada en su sillita, en los asientos traseros del coche, la pequeña se mostraba agobiada y desconcertada. No es la primera madre que me comenta algo parecido, pero en este caso resulta especialmente significativo el hecho de que la niña considerara que los pensamientos le llegaban de fuera..

No se trata del argumento de una película de ficción, al estilo de La invasión de los ultracuerpos, ni tampoco es consecuencia en este caso de alguna enfermedad mental, o una situación puntual y pasajera. Tras descartar todo lo descartable con el psicólogo, la conclusión no se hizo esperar: se trata sin duda de otra niña más alcanzada por lo que denominamos sobreestimulación. En 1997, hace ya dieciocho años, publiqué un libro sobre el consumo de drogas de síntesis entre los adolescentes, en el que hacía referencia exactamente a esta situación. Sin lugar a dudas nos encontramos ante la generación más sobreestimulada de toda la historia de la Humanidad. Hasta hace apenas 50 años los estímulos que recibíamos del exterior eran muy limitados y moderados en relación a los que recibimos hoy en día. Se trataba fundamentalmente de estímulos procedentes de nuestro entorno inmediato, familia, amigos, y las pocas horas a la semana que podíamos pasar viendo un canal de televisión en blanco y negro, o escuchando algún programa de radio.

Hoy, cualquier niño de diez años de nuestro entorno, ha recibido muchísima más información que cualquier otro homo sapiens de los que han pasado por aquí en los últimos 40.000 años. Ha visto imágenes de tiranosaurios corriendo por un bosque, cuando hasta hace un siglo ni tan siquiera sabíamos de su existencia. Imágenes de peces abisales, animales e insectos de cualquier punto de la tierra, vídeos grabados en la superficie de Marte por un robot, secuencias reales sobre el corazón bombeando sangre o linfocitos haciendo su trabajo en nuestro sistema inmunológico. Cosas con las que ningún sabio de la antigüedad se atrevió a soñar, y un volumen de información muy difícil de manejar. Estímulos dirigidos a todos sus sentidos: sintetizadores, sonidos y ritmos nunca antes escuchados, alimentos procedentes de los cinco continentes, chicles que los primeros minutos saben a maracuyá y después a frutos silvestres del bosque australiano… ¿Se han parado a contar los tipos de cereales que hay en las estanterías de los supermercados? ¿Y los yogures?

Pero estos niños no reciben sólo los estímulos de su entorno habitual, sino que en muchas ocasiones nos empeñamos en "enriquecerlo" y llenar absolutamente todo su tiempo con más actividades. Un tiempo libre absolutamente copado, que se combina con histriónicas series de dibujos animados, estridentes partidas de videojuegos en 3D y todo tipo de aplicaciones para llenar sus móviles, tabletas y cabezas.

Hace ya unos años que distintos expertos, como los del grupo de investigación sobre Neuroplasticidad y Aprendizaje de la Universidad de Granada (UGR), advirtieron sobre cómo la estimulación temprana podía influir en el proceso de aprendizaje. La psicobióloga Milagros Gallo, señalaba que: "El entrenamiento en tareas demasiado complejas, antes de que el sistema esté preparado para llevarlas a cabo, puede producir deficiencias permanentes en la capacidad de aprendizaje a lo largo de la vida".

El problema de la sobreestimulación es que, al igual que hacen las drogas de síntesis, provoca lo que denominamos "tolerancia". Es decir, el organismo se acostumbra a recibir con regularidad su dosis de estímulos, hasta que llega un momento en el que tal dosis no le satisface. ¿Qué hace entonces? Pues muy sencillo: buscar una dosis mayor. Los niños que viven este efecto se hacen cada vez menos sensibles a los estímulos del entorno, y necesitan cada vez más. Se vuelven hiperactivos, o se muestran desmotivados mientras su imaginación y creatividad se van mermando. Les cuesta centrarse mucho tiempo en una misma actividad, y sienten que sus pensamientos se atropellan los unos a los otros.

NECESITAMOS EL ABURRIMIENTO

Puede parecer algo paradójico, pero necesitamos más que nunca que los niños y niñas tengan tiempo para aburrirse. Necesitamos que tengan tiempo todos los días para llevar a cabo actividades que no estén previamente estructuradas, organizadas y controladas por normas rígidas y preestablecidas. Es preciso que tengan la oportunidad de crear sus propias estructuras, normas y parámetros. Creo que los adultos que no son capaces de innovar, de adaptarse, cambiar o evolucionar y aportar algo a la vida de quienes les rodean, son con frecuencia niños privados de la posibilidad de crear y experimentar. Es necesario tener la posibilidad de explorar, y también la posibilidad de equivocarse.

Definiría el aburrimiento como la ausencia de motivación que incite a la acción física o mental. Así pues, si un niño se aburre y desea actuar tendrá que terminar encontrando o creando sus propias motivaciones. Tendrá en definitiva que automotivarse. Y no les quepa duda de que lo hará. Un niño o una niña en un parque, con un palito, arena y un par de piedras creará todo un mundo. Sentado frente a una mesa y con una caja llena de pinzas de tender la ropa, organizará una carrera de coches, desarrollará una batalla o realizará algún tipo de construcción. Una hoja en blanco, un lápiz y varios rotuladores darán lugar a todo tipo de creaciones…

Los niños y niñas de hoy, más que nunca, necesitan disponer de tiempo no estructurado y dirigido por sus mayores. La sobreestimulación, la constante motivación externa y el encadenamiento continuo de tareas y actividades programadas les saturan, agobian y ahogan su necesidad de crear.

Resumiría mis principales recomendaciones en el siguiente decálogo:

  1. Procure que sus hijos/as dispongan con frecuencia de tiempo no estructurado. ¡Verdadero tiempo libre!
  2. Reduzca las actividades extraescolares al mínimo que considere necesario. Priorice y tenga muy en cuenta aquellas que son iniciativa de ellos mismos.
  3. No se adelante a sus demandas, no queme etapas demasiado pronto. Necesitan detenerse y paladear cada edad y cada etapa. Respete su ritmo de maduración.
  4. Interactúe y juegue con ellos si se lo piden, pero no organice ni desarrolle las normas.
  5. Controle el acceso a internet y las nuevas tecnologías. No deben convertirse en prioritarias ni conformar su principal forma de ocio. Establezca horarios.
  6. Distancie el uso de ordenadores, tablets o teléfonos móviles de la hora de irse a la cama. El sueño es fundamental, y el cerebro necesita un tiempo para volver a la normalidad tras los estímulos recibidos durante el empleo de estos aparatos.
  7. Supervise las series de dibujos animados que ven. Compruebe si es usted capaz de ver un capítulo y en qué estado se encuentra después. Algunas generan un estado de ansiedad muy apreciable.
  8. Sus hijos necesitan contacto con la naturaleza. El ritmo que ésta establece actúa como un verdadero bálsamo. Necesitan tocar, oler, sentir y experimentar en espacios abiertos y naturales.
  9. Controle los ruidos innecesarios. Si alguien quiere ver la tele en casa, escuchar música o discutir, los demás no tienen que compartirlo necesariamente.
  10. Preste toda la atención posible a sus comentarios, preguntas y observaciones. Nada de lo que dicen es superficial, aunque en un principio podamos no entender lo que están intentando decirnos.

(Esto no quiere decir que la sobreestimulación sea la respuesta a todos los casos similares. Mi intención es sólo aportar recursos e ideas a los padres y madres que puedan sentirse identificados).

Recomendamos:

Jugar para vivir: ocio y tiempo libre (1): Jugar es necesario para disfrutar de la vida. Se aprende además a ganar y perder, a usar la imaginación, a estar con los demás... e incluso a tratar a Dios.

Fiesta y diversión: ocio y tiempo libre (2): Los días festivos son una oportunidad para descansar. Pero para los cristianos, suponen también una ocasión para disfrutar en familia, educar a los hijos y tratar con más tranquilidad a Dios.

Los jóvenes y la diversión: ocio y tiempo libre (3): Las diversiones nocturnas preocupan cada vez más a muchos padres. Es necesario manejar la libertad que reclaman los hijos con equilibrio y autoridad.

Cómo educar a la familia para el tiempo libre de los hijos. Virtudes y valores humanos necesarios: Preguntas y respuestas acerca de como organizar el tiempo libre de los hijos, después de haber cumplido sus deberes y obligaciones.

El tiempo libre de los hijos. (III) La familia como valor humano: La importancia y dedicación que se le debe de dar a la familia dentro de una sociedad, pero sobre todo dentro del mismo entorno familiar.

Adolescentes y tiempo libre: La importancia de buscar aprovechar el tiempo libre, el ocio y el descanso en lo jóvenes.

 
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Tuesday, March 3, 2015

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3 Lecciones que no pueden faltar en la educación de los hijos
Estas lecciones deberán ir acompañadas de tiempo, dedicación, autoridad y por supuesto mucho amor.

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En general, lo que todo padre busca es que sus hijos sean hombres y mujeres con calidad humana, personas íntegras, que hagan el bien; tanto a ellos mismos, como a la sociedad. A nuestro criterio, para lograr dicho objetivo, se necesitan tres enseñanzas principales, que necesariamente deberán ir acompañadas de muchas otras; sin embargo, este artículo pretende dar "señales" que servirán a los padres de guía para tomar el camino correcto en la educación.

Primera enseñanza: Educar la voluntad

Es la base de la autodisciplina y la autorregulación, en primer grado; la obediencia, la reciedumbre, el esfuerzo y otras, en segundo grado. La voluntad combate la pereza, la negligencia y la flojera; por eso es un eficaz antídoto contra los vicios.

Gracias a la voluntad, el ser humano asume el control de sí mismo, pues desarrolla la capacidad para postergar deseos y para afrontar con una actitud acertada las situaciones que se salen de la zona de confort.

Otra gran maravilla de la educación de la voluntad, radica en que los padres evitan caer en una conducta sobre protectora que tanto daño hace en los hijos -inmadurez, inseguridad, dependencia, debilidad, nerviosismo, timidez, poca tolerancia al fracaso, escasa capacidad de adaptación-.

Es pues la voluntad, un elemento fundamental en el proyecto educativo de los hijos, el cual debe comenzar en los primeros años de vida, desde que los padres no ceden al llanto de su pequeño ante un capricho y más adelante cuando deben cumplir sus deberes escolares, organizar su habitación, etc.

Pautas a seguir:

  • Dosificar los regalos.
  • Exigirles de acuerdo a la edad.
  • No permitir que dejen las cosas sin concluir.
  • No hacerles las cosas que ellos mismos están en capacidad de realizar.
  • Realizar actividades que supongan esfuerzo y perseverancia.
  • Invitarlos a que se tracen proyectos a mediano y largo plazo.
  • En adolescentes y jóvenes, dejarlos asumir responsabilidades.
  • Darles las herramientas para superar los obstáculos, no hacer las cosas por ellos.
  • Dejarles que tomen cierto tipo de decisiones, les ayuda a formar su criterio.

Segunda enseñanza: Valorar a los otros, tanto como a sí mismos

Dos conceptos que deben ir de la mano: auto-estima y estima por los demás. Estimar a los demás es salir del egocentrismo, egoísmo y todo lo que parte del "ego", para así valorar y darse a los demás. Esta enseñanza cobija los valores fundamentales de la interacción social: empatía, generosidad, comprensión, prudencia, respeto, amabilidad, honestidad, servicio, solidaridad y tolerancia.

Ahora, para tener una buena relación con los demás, hay que tener una buena relación consigo mismo. La autoestima brinda seguridad, firmeza, positivismo y determinación. Además, proporciona la capacidad de resolver problemas graves porque se afrontan con optimismo, lo que certifica una mayor tolerancia al fracaso.

Tercera enseñanza: Ser buenos y hacer el bien

Reúne las dos enseñanzas anteriores. La rectitud sólo se logra si se ha educado la voluntad, igualmente si se tiene estima por uno mismo y por los demás.

El valor que mejor representa la rectitud es la bondad, la cual se define como: "Inclinación natural a hacer el bien. Desea y practica el bien con las personas, como resultado de poseer un corazón limpio y lleno de amor. Dulzura, suavidad y amabilidad de carácter." *Definiciones de valores por Regino Navarro Ribera.

"Este valor se vive este cuando en las palabras e intenciones hay amor, cuando no se guardan resentimientos ni deseos de venganza, cuando no se queja de lo que le falta, sino que agradece cada cosa que Dios le da y acepta a quienes son diferentes. Y no se vive cuando… Se siente envidia por los logros de los demás, se es ajeno a las necesidades del otro, cuando se es poco comprensivo, y finalmente cuando primero estoy yo que el otro." *Valores en práctica por Regino Navarro Ribera.

Las anteriores enseñanzas deberán ir acompañadas de tiempo, dedicación, autoridad asertiva y por supuesto mucho amor. El éxito de las anteriores, sólo se logra si se ha creado un lazo paternal de confianza y cercanía. Se necesita tiempo para dialogar con los hijos, conectarse con ellos y poder conocerlos a fondo. Todo esto es fundamental para lograr los objetivos educativos para los hijos.

"El porvenir de un hombre no está en las estrellas, sino en su voluntad y en el dominio de sí mismo"  William Shakespeare

Recomendamos:

Educa a tus hijos con un poco de hambre y un poco de frío: Hoy nos preocupamos por llenar de cosas materiales a nuestros hijos y olvidamos por completo sus necesidades morales y espirituales

La Formación de la Voluntad como Pieza Clave en la educación: La voluntad se fortalece con el tiempo. No se educa con grandes actos heroicos. Se cultiva con el esfuerzo de cada día, de cada hora. Por eso, el primer medio para formar la voluntad es el trabajo constante

Formar la voluntad en los hijos: Es la fuerza que nos lleva a hacer algo que nos hemos propuesto; querer y buscar siempre el bien.

La Austeridad y la Bondad: El ser bueno no quiere decir ser condescendiente con la injusticia o indiferente con lo que está bien o mal en las actitudes o acciones de quienes nos rodean.

La AmabilidadLa amabilidad:  nace de esos buenos sentimientos que el hombre alberga por el simple hecho de ser imagen misma de Dios

Cómo Educar A Los Niños pequeños En Los Buenos Modales: La educación de los buenos modales está estrechamente relacionada con la educación en las virtudes.

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