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Wednesday, December 11, 2013

Factor de riesgo: La píldora del día después


 El lugar de encuentro de los católicos en la red

La píldora del día después

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Factor de Riesgo
La píldora del día después
Con una educación seria y objetiva al amor y a la responsabilidad, la anticoncepción de emergencia dejará de ser un producto tristemente famoso en el mercado
Autor: Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net



La mal llamada "anticoncepción de emergencia" provoca daños enormes. Porque bajo esta fórmula engañosa ("anticoncepción de emergencia"), especialmente con el recurso a la píldora del día después, se esconde la búsqueda no sólo de impedir la concepción, sino de destruir la vida del hijo si ya hubiese iniciado a existir.

Hay mujeres que, después de una relación sexual, recurren a estos métodos porque tienen miedo de iniciar el embarazo. Pero al actuar así "disparan" de un modo indiscriminado contra todo lo que pueda ocurrir en su cuerpo.

Este modo de actuar provoca da_os enormes. Ahora sólo queremos poner en evidencia tres.


Promover un uso menos responsable la sexualidad

La sociedad moderna ha logrado que millones de hombres y mujeres vivan las riquezas presentes en la propia sexualidad fuera de su contexto plenamente responsable. Porque tener relaciones sexuales no es simplemente un juego, ni un normal acto de ternura, ni una expresión de amistad pasajera. Es mucho más, pues implica a dos personas que, desde su fecundidad, se dan plenamente el uno al otro y quedan así abiertos a la posible llegada de un hijo. Ese darse plenamente sólo es correcto en un compromiso completo, en el matrimonio, y con la actitud responsable de quienes están dispuestos a acoger, cuidar y amar a los hijos que puedan ser concebidos desde el amor de los esposos.

Si el sexo es vivido fuera de su sentido profundo, se cae en un sinfín de deformaciones. Una de ellas consiste en considerar al otro o a la otra simplemente como objeto de placer, o como cómplice en la búsqueda de mi placer. Otra consiste en ver la vida sexual como algo desligado del matrimonio, cosa que ocurre tristemente en tantas personas que aceptan la fornicación o el adulterio como si así no cometiesen ninguna falta grave. Otra lleva a una mentalidad antivida, a través del uso de una serie de métodos que "aseguren" que el hijo no llegará nunca a existir, o que si empieza a vivir será eliminado cuanto antes.


Destruir en el seno de sus madres a sus hijos

Aquí radica el segundo daño de la anticoncepción de emergencia: el que se busque destruir en el seno de sus madres a sus hijos.

Es cierto que la mayoría de las veces la anticoncepción de emergencia no actúa sobre un embrión, porque no todas las relaciones sexuales permiten que inicie una nueva vida humana. Pero también es cierto que en muchos casos sí se ha dado la concepción, y entonces la píldora del día después (u otros métodos) condenan al embrión a una muerte silenciosa y oculta, pero no por ello menos muerte ni menos injusta.

Lo anterior lleva, precisamente, a un tercer daño: la angustia y la duda en la que puede vivir una mujer después de haber recurrido a estos métodos. ¿Cómo saber si el uso de la píldora del día después provocó la muerte de un hijo, o no tuvo mayores consecuencias? La duda queda anclada en el corazón de muchas mujeres que, por no confiar en Dios y por no abrirse al respeto y cariño que merece cada hijo, "dispararon" un día contra sus cuerpos sin saber con certeza si estaban matando o no a un hijo muy pequeño.


Peligro para la salud de la mujer

Quedan otros daños que podrían señalarse sobre la píldora del día después, como los peligros para la salud de la mujer, que "bombardea" su cuerpo con sustancias que buscan que el organismo no funcione bien. Pero el daño más profundo, el más grave, el que puede dejar secuelas días, meses, y años, es esa duda, esa incerteza que puede asomarse una y otra vez: ¿habré matado a mi hijo?

Con una educación seria y objetiva al amor y a la responsabilidad, la anticoncepción de emergencia dejará de ser un producto tristemente famoso en el mercado. En su lugar, habrá más jóvenes valientes y decididos a tomar en serio el amor y a evitar relaciones sexuales antes del matrimonio. Habrá esposos que vivirán su entrega mutua no con miedo al hijo, sino con esperanza para que, si Dios así lo quiere, ningún pequeño sea excluido en la casa de sus propios padres. Habrá compañías farmacéuticas dedicadas a servir a la vida y a ayudar a la maternidad, y no orientadas a la muerte de los embriones. Habrá, en definitiva, un mundo más justo y, sobre todo, más decidido a amar, a acoger, a servir a quienes llenan de alegría nuestra tierra maravillosa: a los hijos, que son también hijos amados por el Dios de la vida.

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Wednesday, December 4, 2013

Factor de Riesgo: ¿Aún hay quien se convierte?


 El lugar de encuentro de los católicos en la red

¿Aún hay quien se convierte?

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Factor de Riesgo
¿Aún hay quien se convierte?
El catolicismo sigue atrayendo por la verdad que entraña, defiende, promueve y trata de transmitir
Autor: Jorge Enrique Mújica | Fuente: Catholic.net



Se hace grande eco de que el cristianismo está a la baja. Se hace pensar que creer es cosa de gente retrógrada o estancada en el pasado. A la religión se le suele poner la objeción de que carece de razones, de que priva de la libertad... Nada más lejano de la realidad. Hoy por hoy los casos de gente que a través de la fe le dan un feliz giro a su vida siguen sucediéndose. Las conversiones siempre han interpelado a la humanidad; quizá sea ese el motivo por el que algunos periódicos, canales de televisión, sitios de Internet y programas de radio les dediquen pocos espacios. Allá ellos. Lo cierto es que las conversiones están a la orden del día; siguen siendo una constante en la historia; una línea invariable que hunde sus raíces en la aparición del cristianismo y que se alarga hasta nuestro presente.


Vueltas a la fe en Cristo

Tres casos que han impactado recientemente a la sociedad han sido los de William "Bill" Murria, Francis Beckwith y Norma McCorvey. El primero es hijo de Madelyn Murria O´Hare, militante y atea radical asesinada en 1995, quien consiguió que las cortes de Estados Unidos suspendieran las oraciones en las escuelas públicas. William lidera la Coalición por la libertad religiosa y fue uno de los críticos más sonados de la labor de su propia madre.

Francis Beckwith fue hasta hace poco el presidente de la Sociedad Teológica Evangélica, cargo al que renunció para regresar al seno de la Iglesia en la que creció: la católica. El camino de regreso de Beckwith comenzó tras leer a los Padre de la Iglesia y constatar "que la Iglesia primitiva es más católica que protestante y que la visión católica de la justificación, correctamente comprendida, es bíblica e históricamente defendible". Una conversión, podríamos decir, de cariz intelectual.

El caso de Norma McCorvey no deja de llamar la atención: hace 34 años su caso sirvió para legalizar el aborto en Estados Unidos. Embarazada en 1970, inventó haber sido violada por una banda de pandilleros. Mientras se litigaba su caso ante la Corte Suprema nació su bebé que luego fue dado en adopción. De la triste experiencia como empleada en una clínica abortista y ante la maternidad de otra de sus hijas halló una luz que le llevaría al inicio del camino de conversión. En 1987 salió a la luz la verdad. No había sido violada, conocía al padre de su primer bebé y, posteriormente, en 1998, se convirtió al catolicismo: "Sí, ahora soy claramente pro vida y católica cien por ciento y si una mujer me dice que va abortar le diría que hablara con su corazón y su sacerdote; después, que busque a una mujer que ya haya abortado y que le pregunte qué tal le fue".

Ahora está volcada a ayudar en el movimiento pro-vida. "Trato con muchas mujeres que han abortado y que ahora conocen al Señor y se han convertido. Todas me dicen lo mismo desde hace varios años: Norma, si hubiéramos sabido ahora lo que sabemos ahora, nunca habríamos abortado", ha declarado recientemente.


Cambio de religión

Ahí está también el caso de Nidal Ranatunga, ex principiante de monje budista y ahora primer sacerdote srilankés de la Orden de san Camilo. Atraído por la belleza del perdón y la alegría de servir a los demás emprendió su camino hacia el cristianismo. Su andar fue sencillo: quinto de seis hermanos nació en una familia budista pobre. Tras la muerte de su padre fue acogido para el servicio doméstico por una familia católica ya que su madre no podía mantenerlo. Ahí comenzaría su deseo de hacerse monje budista pero por curiosidad empieza a ir a escondidas a la parroquia y después de algún tiempo, como el mismo declaró a la agencia "Asia News", "me encontré, con estupor, rezando a la Virgen".

Tras cinco años volvió a su hogar y, tras seis meses de catequesis, fue bautizado. La vocación fue un paso natural. Llegó a Italia en 1992 y en san Giovanni Rotondo conoció a los religiosos de la orden de san Camilo. En 1994 ingresó en esa Orden y fue hecho sacerdote en 2004. Ahora es el padre Maximiliano Ranatunga y trabaja como uno de los seis capellanes del hospital san Camilo en Roma además de atender a la comunidad de cingaleses que viven en esa ciudad.


Conversos homosexuales

Quizá el caso más conocido sea el del famoso escritor Oscar Wilde (autor, entre otros grandes libros, de "El retrato de Dorian Gray"). Pero hay otro que vale la pena rescatar y recordar: el del también escritor, aunque éste italiano, Pier Giorgio Tondelli.

Pier Giorgio, declaradamente homosexual, aunque ya converso hacia el final de su vida, dijo que la castidad "es una virtud mística para todos aquellos que la han elegido, y quizá el uso más sobrehumano de la sexualidad [...] quien ama a la vida no es el libertino sino el monje, porque este último busca el absoluto". Pocos días antes de fallecer dejo unas notas conmovedoras que reflejaban el discurso hacia el que se decantó su vida: "Sólo salva el Amor, la fe y la recaída de la Gracia".


Científicos que dan testimonio

El "gremio" de los científicos tampoco ha dejado de tener sus representantes. Ciertamente el profesor Lejeune, figura emblemática del científico comprometido en la defensa y respeto a la vida, no fue un converso. Sin embargo su testimonio de vida bien nos hace recordar que gracias a ejemplos como el suyo es que se pueden dar las conversiones de otros. El profesor Jerónimo Lejeune fue quien descubrió el gen de la trisonomía 21 causante del síndrome de down. Profesor de genética, consejero científico, ferviente católico, primer presidente de la Pontificia Academia para la vida y, de no ser por su postura antiabortista, casi premio Nobel, fue ninguneado por quienes vieron en él a un opositor al aborto.


Giros de 180 grados: intelectuales, escritores, religiosos, ateos...

Hay más casos que por espacio no podemos abordar uno a uno. A continuación hacemos un breve repaso por algunos países que tanto en el siglo XIX como en el XX conocieron una estela de conversiones aún hoy recordadas. En el caso judío, si bien no todas fueron conversiones al catolicismo (sobre todo al protestantismo, casos que van desde el del filósofo Max Scheler, pasando por la mediocridad del poeta Heine o la familia Wittgenstein, hasta Edmund Husserl), sí hubo algunas realmente significativas y profundas por la radicalidad de aceptación de la nueva fe abrazada. Los judíos son la veta más pequeña pero los hubo. Nombres como los de Eugenio Zolli, ex gran rabino de la sinagoga de Roma, Jean Mariae Lustiger, actual cardenal emérito de París, Novak o el ex "rey del aborto", Bernard Nathanson, son populares.

En el ambiente francés son célebres las conversiones de grandes hombres como el luego P. Lacordaire (a quien va unida la reforma de los dominicos en Francia y una intensa actividad apostólica) o la de poetas, pensadores, novelistas y dramaturgos del calibre de Charles Peguy, Paul Claudel, Jacques y Raissa Maritain, Gabriel Marcel, Max Jacob, Leon Bloy, Charles du Bos, Jean Cocteau, Huysmans, Julián Green... o de científicos como Alexis Carrel y Pierre Lecomte; militares como Carlos de Foucault; teólogos como Louis Brouyer y escritores como André Frossard.

En Inglaterra el apellido por antonomasia es el del otrora cardenal Newman. A él se le unen nombres como el del historiador Charles Dawson o de escritores como G. K. Chesterton (cuya causa de beatificación ha sido introducida) y C.S. Lewis (éste último sólo abrazaría el anglicanismo). Los clérigos intelectuales, filósofos, novelista y actores que migraron del anglicanismo al catolicismo son numerosos: Hugo Bensos, Ronald Knox, Graham Green, Muriel Spark, Gerard Manley Hopkins, Edith Sitwell y Sir Alec Guinnes; o qué decir de Frederic Copleston, hecho incluso jesuíta, y Thomas S. Eliot quien se acerca al anglicanismo.

En el contexto alemán suenan los nombres de Eric Peterson y Heinrich Schlier, dos profesores luteranos de Sagrada Escritura integrados luego en la Iglesia católica. De la escuela fenomenológica de mediados del siglo pasado se dieron dos integraciones al catolicismo, Edith Stein (véase nuestro breve artículo en el siguiente enlace) y Von Hildebrand, y una doble al cristianismo luterano, el matrimonio Reinach. Del mundo de la literatura proceden Gertrud von Le Font, el novelista Alfred Doblin, el de premio nobel Ernst Junger o el autor del libro entrevista al entonces cardenal Joseph Ratzinger, "Dios y el mundo", Peter Seewald.

En el mundo hispano los nombres no dejan de sernos familiares y, si cabe, más cercanos: Juan Donoso Cortés, Manuel García Morente (luego ordenado sacerdote), Carmen Laforet, Ernestina de Champourcin (convertida durante su exilio en México) y Ramiro de Maeztu. En Italia destacan las conversiones del escritor Vittorio Messori, la del empresario Leonardo Mondadori, la de la princesa Alessandra Borghese, la de la novelista Susanna Tamaro o la del vaticanista de la prensa laica Domenico del Rio quien había abandonado el sacerdocio y recuperó la fe por el testimonio de Juan Pabo II.


Los números

La artimaña de atacar al catolicismo desprestigiándolo es una técnica más del milenario intento de hacerla sucumbir por intereses diversos. Sin embargo la búsqueda de hacerla aparecer como algo anticuado y propio de civilizaciones y culturas atrasadas no ha logrado medrar el ánimo de quienes se acercan con pureza de intención a ella. Ciertamente no es el mero encuentro con una institución humana; es, ante todo, el encuentro con el Dios vivo y personal que sale al encuentro. Un Dios que sólo existe en el cristianismo porque es el único Dios verdadero.

Según el anuario presentado por la Oficina Central de Estadística de la Iglesia, editado por la Librería Editrice Vaticana, los católicos aumentaron de 1,045 millones en 2000 a 1,115 millones en 2005 (17,28% de la población mundial). Y el aumento no ha sido a golpe de espada, metralla o imposiciones legislativas (al revés, incluso pese a ellas). El catolicismo sigue atrayendo por la verdad que entraña, defiende, promueve y trata de transmitir a quienes están abiertos a conocerla. Los que se han abierto, a través de un proceso intelectual o con la sencillez propia de los niños, han cambiado sus vidas, se han convertido, pues ante la Verdad uno no puede permanecer indiferente y no se da otra consecuencia lógica que la del sucumbir con docilidad.



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    Thursday, November 28, 2013

    Factor de Riesgo: Los semimuertos


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    Los semimuertos


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    Factor de Riesgo
    Los semimuertos
    Vivir como personas, tener el alma despierta y creativa, llenar de espíritu las horas, tener cosas que realizar y que amar. Ser, sencillamente, hombres
    Autor: José Luis Martín Descalzo | Fuente: Razones desde la otra orilla



    ¿Somos los humanos de hoy verdaderos hombres o sólo muñones de hombres, seres sin realizar, semimuertos? Hace muchos años que me angustia esta pregunta, tal vez la más grave que hoy pueda uno plantearse. ¿Estamos vivos, realmente vivos? La cuestión me sube a la cabeza cada vez que en el Metro o en la calle contemplo los rostros de los que me rodean: apagados muchos, como dormidos, vacíos. Y ya sé que no se puede juzgar a un hombre por su cara y que con frecuencia tras un rostro insípido puede ocultarse un alma ardiente. Pero ¿cuántas veces la faz es espejo del alma y unos ojos opacos son el testigo de una enorme vacuidad interior?

    Y la cosa se complica cuando hablas con muchas de esas personas, que acaban confesándote que la vida no les interesa, que para ellos vivir es sólo dejarse vivir, arrastrar por las horas, porque nada les ilusiona y por nada luchan, porque se sienten jubilados anticipadamente y creen que, si han vivido, ya no tienen realmente nada más que vivir. ¿Qué son éstos sino cadáveres que vegetan, cadáveres tal vez en edades juveniles, porque ni siquiera en su adolescencia experimentan el entusiasmo y la pasión de vivir?
    Todas estas ideas me han obsesionado especialmente en los días de Resurrección. Yo siempre he pensado que Jesús «tuvo» que resucitar y esto no sólo por obra milagrosa de su Padre, sino por su misma fuerza interior: un hombre «tan» vivo, «tan terriblemente» vivo como estuvo Cristo no podía morir del todo y para siempre. Su pasión de vivir era mucho más poderosa que la losa del sepulcro.

    Pero, ¿quién, cuántos viven con tanta tensión, tan apasionadamente? ¿Cuántos entre nuestros contemporáneos tienen el alma tan en pie? Y los mismos que hablan de que hay que vivir «a tope», ¿a tope de qué viven? ¿Están llenos de vacíos?

    Naturalmente, cuando hablo de vivir no me refiero al hecho vegetal de crecer, alimentarse, caminar. Tampoco me refiero a la pura pasión animal de medrar como el tigre busca más y mejores alimentos. Me refiero a vivir como personas, a tener el alma despierta y creativa, a llenar de espíritu las horas, a tener cosas que realizar y que amar, a «ser», sencillamente, hombres.

    Y me pregunto a mí mismo cuáles serían las diferencias entre un ser vivo y un ser muerto o semimuerto, Y llego a estas conclusiones. Un hombre está verdaderamente vivo cuando cumple cuatro condiciones:

    1. En primer lugar, se está vivo cuando se tiene un ideal, una ilusión, una tarea que, al ser más grandes que nosotros mismos, exijan que existamos estirando el alma para llegar a ellas. Una ilusión que sólo pueda conseguirse viviendo muy tensamente hacia ella, muy concentradamente -sin dispersar energías- porque sólo así podremos acércanos -y aun así quedándonos lejos- a su realización o logro.

    2. En segundo lugar, se está vivo cuando se vive lleno la mayor parte de la vida, cuando las horas de tensión y producción son mayores que las de descansillo. Ya sé que la tensión absoluta de un hombre es imposible. Incluso los más vivos tienen aburrimientos, cansancios, días bobos. Pero esto, que el mejor hombre puede «permitirse», tiene que ser una ínfima mayoría. Y en la medida que esos descansillos, esos vacíos son más, comienza a crecer nuestra proporción de muerto en el alma.

    3. La tercera condición para estar vivo es, creo yo, crecer, estar creciendo, seguir creciendo. Aquel que en la adolescencia, en la juventud, en la hombría, en la ancianidad abdica, se jubila de vivir, cree que ya ha llegado, empieza desde ese mismo día en que se lo confiesa a sí mismo a morir.

    4. La cuarta condición que nos dice si estamos vivos o no es que nos sobre suficiente vida como para entregarla a los demás. El que sólo se realiza a sí mismo se autopetrifica. No hay más vida que la que se comparte y reparte. El que no ama, no ayuda, no empuja a otros, bien puede encaminarse ya hacia el sepulcro.

    Y ahora me pregunto de nuevo: ¿cuántos humanos cumplen -mejor o peor, porque yo no hablo de logro, sino de esfuerzo-,estas cuatro condiciones? ¿Cuántos han ido por la vida renunciando a trozos de sí mismos, como leprosos del alma, y han crecido dejando caer ilusiones, entusiasmos, proyectos, sueños? El día que les llegue la muerte, ¿tendrán mucha tarea que hacer o deberá sólo rematar esa muerte fragmentaria que ha ido apoderándose del alma?

    Ahora entiendo que muchos hombres no entiendan la Resurrección. ¿Cómo podrán entenderla sí no aman la vida, si temen que una resurrección pudiera ser sólo la prolongación de su aburrimiento?

    ¡Con lo hermoso que es vivir, seguir viviendo, irle descubriendo nuevos rostros a la existencia, encontrar su júbilo detrás de cada dolor, escalarla a pesar de lo empinada que es o precisamente porque es empinada! Sé que la muerte vendrá, pero que cuando llegue tenga que darle muchos hachazos a nuestra alma y que no necesite sólo darnos un empujón porque ya estamos podridos por dentro.







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